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.»Entonces, ¿qué es el hombre? Los hombres son peones, en partidas de.para usted.una complejidad increíble, entre rojas y negras, blancas y negras, por diversión.El juego de una parte de un organismo contra otra parte, para entretenerse un instante de la eternidad.Hay unos juegos más largos, que se desarrollan entre galaxias.No con el hombre.»El hombre es un parásito característico de la Tierra, que tolera su presencia durante cierto tiempo No existe en ningún otro lugar del cosmos, y su existencia aquí será muy corta.Un poco de tiempo, unas cuantas guerras sobre el tablero, que creerá haber provocado él mismo.Veo que empieza a comprender.El hombre situado junto a la mesa sonrió.—Quiere saber algo de sí mismo.No hay nada menos importante.Se hizo un movimiento, antes de Lodi.Se presentó la oportunidad de mover los rojos; se necesitaba una personalidad más fuerte y despiadada; fue un momento crítico de la historia.es decir, de la partida.¿Lo comprende ahora? Se introdujo a un sustituto para que se convirtiera en Napoleón.Consiguió articular dos palabras:—¿Qué más?—El Brillante Fulgor no mata.Teníamos que hacer algo con usted, trasladarle de lugar y de tiempo.Mucho después, un hombre llamado George Vine falleció en accidente; su cuerpo aún era utilizable.George Vine no estaba loco, pero tenía complejo de Napoleón.La transferencia resultaba divertida.—Sin duda.—Nuevamente le fue imposible llegar al hombre de la mesa.El mismo odio era el muro que los separaba—.Así pues, ¿George Vine está muerto?—Sí.Y usted, como sabe demasiado, tiene que volverse loco para que no sepa nada.El hecho de saber la verdad le volverá loco.—¡No!El instrumento se limitó a sonreír.8La habitación, el cubo de luz, se oscureció, pareció ladearse.Aunque seguía en pie, estaba inclinándose hacia atrás, y su posición se convirtió en horizontal en vez de vertical.Tenía todo su peso apoyado sobre la espalda y debajo de su cuerpo había la blanda dureza de la cama, la aspereza de una sábana manta gris, y podía moverse; se incorporó.¿Había sido un sueño? ¿Había salido realmente del manicomio? Extendió las manos, las unió, y notó que estaban pegajosas.La misma sustancia viscosa cubría la pechera de sus camisa y la parte delantera de sus pantalones.Además, llevaba los zapatos puestos.La sangre le indicaba que se había encaramado a la pared.La analgesia le abandonaba, y el dolor empezaba a hacer su aparición en las manos, el pecho, el estómago y las piernas.Un dolor penetrante.En voz alta, dijo:—No estoy loco, No estoy loco.—¿Lo había dicho a gritos?Una voz contestó:—No.Todavía no.—¿Era la voz que había oído antes en la habitación? ¿O era la voz del hombre que había visto en la estancia iluminada? ¿Acaso ambas eran la misma voz?La voz dijo:—Pregunte: «¿Qué es el hombre?»Mecánicamente lo preguntó.—El hombre es un callejón sin salida en el proceso evolutivo, que ha llegado demasiado tarde para competir, que siempre ha estado controlado y movido por el Brillante Fulgor, el cual era viejo y sabio antes de que el hombre adquiriese la posición erecta.»El hombre es un parásito que vive en un planeta habitado desde antes de que él llegara, habitado por un Ser que es uno y muchos, un billón de células y una sola mente, una sola inteligencia, una sola voluntad.tal como ocurre en todos los demás planetas habitados del universo.El hombre es una broma, un bufón, un parásito.No es nada; aún será menos.«Ven y enloquece»Salió nuevamente de la cama; empezó a andar.Salió del cubículo, atravesó la sala, llegó a la puerta que daba al pasillo; una delgada rendija de luz se veía debajo de ella.Pero, esta vez, no alargó la mano hacia el pomo.En cambio, permaneció inmóvil frente a la puerta, y ésta empezó a brillar; lentamente, se fue iluminando y se hizo visible.Como iluminada por una invisible linterna, la puerta se convirtió en un visible rectángulo en la oscuridad circundante; tan claramente visible como la rendija que se veía debajo.La voz dijo:—Ahí tiene una célula de su soberano, una célula que no es inteligente, por sí misma, pero que forma parte de una unidad inteligente, una del billón de unidades que constituyen la inteligencia que gobierna la Tierra.y a usted.También es una del millón de inteligencias que gobiernan el universo.—¿La puerta? No.La voz no contestó; se había retirado, pero en su mente estaba el eco de una silenciosa carcajada.Se acercó un poco más y vio lo que tenía que ver.Una hormiga subía lentamente por la puerta.La siguió con los ojos, mientras un creciente horror le dominaba, le invadía totalmente.Un centenar de cosas que le habían dicho y mostrado cobraban repentinamente sentido, un sentido hecho de espantoso horror.Los negros, los blancos, y rojos; las hormigas negras, las hormigas blancas, las hormigas rojas, los que jugaban con los hombres, los lóbulos separados de un solo cerebro, la inteligencia que era una.El hombre como accidente, parásito, peón; un millón de planetas en el universo, habitados por una raza de insectos que era la única inteligencia del planeta.y todas las inteligencias reunidas constituían la única inteligencia cósmica que era.¡Dios!Fue incapaz de articular esta única palabra.Se volvió loco.Golpeó la puerta, sumida otra vez en la oscuridad, con sus manos recubiertas de sangre, con las rodillas, la cara, todo su cuerpo, a pesar de que ya se había olvidado de la razón, ya se había olvidado de lo que quería aplastar.Estaba loco —demencia precoz, no paranoia— cuando aliviaron su cuerpo al ponerle una camisa de fuerza, lo aliviaron del frenesí a la quietud.Era una locura tranquila —paranoia, no demencia precoz— cuando le dieron de alta al cabo de once meses.La paranoia es una enfermedad muy peculiar; no tiene síntomas físicos, es la presencia de una idea fija.Una serie de choques de metrazol curaron su demencia precoz y sólo le dejaron la idea fija de que era George Vine, periodista.Los médicos del manicomio también creían que lo era, así que su manía no fue reconocida como tal y le dejaron marchar, entregándole un certificado que demostraba su completa recuperación.Se casó con Clare; sigue trabajando en el Blade.para un hombre llamado Candler.Sigue jugando al ajedrez con su primo, Charlie Doerr.Sigue viendo —para someterse a revisiones periódicas— al doctor Irving y al doctor Randolph.¿Cuál de ellos sonríe interiormente? ¿De qué les serviría saberlo?No importa [ Pobierz całość w formacie PDF ]