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.Los Corsarios de la Vela Roja.Y debo cobrarme su sangre a cambio, debo expulsarlos de mi costa.Ahora es algo tan sencillo como comer o respirar.Es algo que tengo que hacer.Sus miradas se cruzaron sobre mi cabeza.—Lo lleva en la sangre —observó Veraz con voz queda.Pero había fiereza al mismo tiempo en sus palabras, y un orgullo que sofocó los temblores que llevaban todo el día martirizándome el cuerpo.Se apoderó de mí una profunda calma.Ese día había hecho lo correcto.Lo supe de repente como si fuera un hecho físico.Era un trabajo sucio, degradante, pero era mío y lo había hecho bien.Por mi pueblo.Me giré hacia Burrich, que me observaba con esa mirada valorativa que solía reservar para el cachorro más prometedor de una carnada.—Le enseñaré —prometió a Veraz—.Los pocos trucos que conozco con el hacha.Y alguna cosa más.¿Empezamos mañana, antes de que rompa el alba?—De acuerdo —convino Veraz antes de que yo pudiera objetar nada—.Cenemos algo ahora.Me moría de hambre de repente.Me levanté para ir a la mesa, pero Burrich se plantó a mi lado.—Lávate la cara y las manos, Traspié —me recordó con amabilidad.Cuando hube terminado de asearme, el agua perfumada de la palangana de Veraz se había teñido con la sangre del herrero.El festival de inviernoEl Festival de Invierno es tanto una celebración de la época más oscura del año como la conmemoración del regreso de la luz.Durante los tres primeros días del festival, rendimos homenaje a la oscuridad.Los cuentos que se narran y los espectáculos de títeres que se representan giran en torno a momentos de ocio y tienen finales felices.Los platos consisten en pescados en salazón y carnes ahumadas, tubérculos y frutas recogidas el verano anterior.Luego, mediado el festival, se celebra una cacería.Se vierte sangre nueva para celebrar el punto de inflexión del año y se sirve carne fresca en la mesa, que se comerá acompañada de los cereales cosechados el año anterior.Los tres días siguientes miran hacia el verano que se aproxima.Los telares se cargan con hilos de brillantes colores y las hilanderas ocupan un rincón del Gran Salón para competir entre sí por ver quién ha conseguido el diseño más alegre y la tela más ligera.Las historias que se cuentan hablan de comienzos e inicios, de cómo serán las cosas que están aún por venir.Intenté ver al rey aquella misma noche.Pese a todo lo ocurrido, no me había olvidado de la promesa que me había hecho a mí mismo.Wallace me impidió el paso, alegando que el rey Artimañas no se encontraba bien y no deseaba recibir a nadie.Sentí deseos de aporrear la puerta y llamar a voces al bufón para que obligara a Wallace a admitirme.Pero no lo hice.Ya no estaba tan seguro como antes de mi amistad con el bufón.No nos habíamos vuelto a ver desde que me dedicara aquella canción de burla.Pensar en él me trajo sus palabras a la cabeza, y cuando regresé a mi cuarto volví a hojear los manuscritos de Veraz.Leer me produjo sueño.La dosis de valeriana, aun diluida, había sido potente.El letargo se adueñó de mis brazos y piernas.Dejé los pergaminos a un lado, sin haber averiguado nada más que antes de cogerlos.Mi mente vagó por otros derroteros.¿Y si se anunciara un bando oficial durante el Festival de Invierno para que todos los habilitados, por ancianos y débiles que estuvieran, supieran que los estábamos buscando? ¿Convertiría eso en objetivos a quienes respondieran al llamamiento? Repasé la lista de candidatos evidentes.Los que habían estudiado conmigo.Ninguno de ellos sentía simpatía por mí, pero eso no significaba que no fueran leales a Veraz.Pervertidos quizá por las enseñanzas de Galeno, pero ¿acaso eso no tenía remedio? Descarté a Augusto de inmediato.Su última experiencia con la Habilidad en Jhaampe había destruido su talento.Se había retirado discretamente a alguna ciudad del río Vin, envejecido antes de tiempo, según los rumores.Pero había habido más.Ocho de nosotros habíamos sobrevivido al entrenamiento.Siete habíamos regresado de la prueba definitiva.Yo la había fallado y Augusto se había desentendido de todo.Quedaban cinco.Menuda camarilla.Me pregunté si me odiarían todos tanto como Serena.Ésta me culpaba de la muerte de Galeno y no se esforzaba por ocultarlo.¿Estarían los demás tan al corriente de lo acontecido? Intenté acordarme de todos.Justin.Pagado de sí mismo y demasiado orgulloso de su Habilidad.Carrod.Antes era un muchacho tranquilo y agradable.Las pocas veces que lo había visto desde que se convirtiera en miembro de la camarilla, sus ojos me habían parecido casi vacíos.Como si no quedara nada de lo que había sido.Burl había dejado que su fortaleza física se trocara en obesidad cuando empezó a habilitar en vez de trabajar la madera para ganarse la vida.Will nunca había sido alguien destacable.La Habilidad no lo había cambiado.Empero, todos ellos habían demostrado tener talento para la Habilidad.¿No podría adiestrarlos Veraz? Tal vez.Pero ¿cuándo? ¿De dónde sacaría tiempo para una empresa así?Alguien se acerca.Me desperté.Estaba tendido boca abajo en mi cama, rodeado de pergaminos desordenados.No pretendía quedarme dormido, y rara vez dormía tan profundamente [ Pobierz całość w formacie PDF ]