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.«Hagan juego, señoras y señores, ¿dónde?» Detuvo abruptamente el globo con el pulgar.«Banco, la India paga.Cobre, señora.» El resultado era descabellado.Hizo girar de nuevo el globo hasta que su armazón empezó a vibrar.Los días se deslizaron como breves instantes.De pronto, se dio cuenta de que lo hacía girar en sentido contrario.Si la madre Gaia hacía piruetas en el mismo sentido, el Sol y otros paisajes en tránsito saldrían por el oeste y se pondrían por el este.¿Retrocedería así el tiempo? Dijo el homónimo de mi homónimo: «No te muevas, oh Sol, hacia Gabaón, ni tú, Luna, hacia el valle.», un buen truco, pensándolo bien, y además conveniente en esta época.«Levántame de nuevo, oh Sol, et tu, Luna, recedite in orbitas reversas.» Siguió haciendo girar el globo al revés, como si esperase que el simulacro de tierra poseyese el poder de remontar el tiempo.Un tercio de un millón de vueltas podían ser suficiente para hacerlos volver al Diluvium Ignis.Sería mejor colocarle un motor y hacerlo retroceder hasta el principio del hombre.Lo detuvo de nuevo con el pulgar, y el resultado fue otra vez absurdo.Sin embargo, se entretuvo en el despacho, pues temía el momento de volver a casa.La «Casa» estaba únicamente al otro lado de la carretera, en los embrujados vestíbulos de aquellos antiguos edificios, cuyas paredes contenían aún piedras que habían sido los restos de hormigón de una civilización desaparecida hacía ya dieciocho siglos.Cruzar la carretera hacia la vieja abadía era como cruzar un eón.Allí, en los nuevos edificios de vidrio y aluminio, él era un técnico en su mesa de trabajo, en la que los acontecimientos eran sólo fenómenos, para ser observados atendiendo a su cómo sin preguntarse su por qué.En este lado de la carretera la caída de Lucifer era sólo una inferencia derivada por fría matemática del decir de los contadores de radiaciones o de la súbita oscilación de la pluma del sismógrafo.Pero en la vieja abadía, dejaba de ser un técnico para convertirse en un monje de Cristo, un contrabandista de libros y un memorizador de la comunidad de Leibowitz.Allí, la pregunta sería: «¿Por qué, Señor, por qué?».La pregunta había llegado y el abad había dicho: «Venga a verme».Joshua asió su zurrón y fue a obedecer la llamada de su superior.Para evitar encontrar a la señora Grales, salió por el paso inferior de peatones.No era un momento para conversaciones agradables con la bicéfala vendedora de tomates.25El dique del secreto se había roto.Varios periodistas intrépidos fueron barridos por la marea enfurecida que los había expulsado de Texarkana hacia sus países de origen, donde se mostraron reacios a los comentarios.Otros permanecieron en sus puestos y trataron lealmente de obturar nuevas filtraciones, pero la caída de ciertos isótopos traídos por el viento creó una contraseña universal, murmurada por las esquinas y gritada por los titulares: «Lucifer ha caído».El ministro de Defensa, con su uniforme inmaculado, su maquillaje perfecto y su serena ecuanimidad, se enfrentó de nuevo con la hermandad periodística.Esta vez la entrevista de prensa fue televisada a través de la Coalición Cristiana.SEÑORA PERIODISTA: Su excelencia parece tomar con mucha calma los acontecimientos.Dos violaciones de la Ley Internacional, ambas definidas por tratado como actos de guerra, han ocurrido recientemente.¿No preocupa esto en absoluto al Ministerio de la Guerra?MINISTRO DE DEFENSA: Señora, como usted sabe muy bien, aquí no tenemos un Ministerio de la Guerra; tenemos un Ministerio de Defensa.De acuerdo con la información que poseo, sólo ha ocurrido una violación de la Ley Internacional.¿Le molestaría informarme cuál es la otra?SEÑORA PERIODISTA: ¿De cuál de las dos no está al corriente? ¿Del desastre de Itu-Wan o del disparo de aviso en el lejano Pacífico del Sur?MINISTRO DE DEFENSA (con súbita sequedad): ¡Con seguridad, señora, no intenta usted nada sedicioso, pero su pregunta parece dar apoyo, si no crédito, a los cargos totalmente falsos de Asia de que el llamado desastre de ltu-Wan fue provocado por un arma probada por nosotros y no por ellos!SEÑORA PERIODISTA: Si es así, le invito a encarcelarme [ Pobierz całość w formacie PDF ]