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.—Las armas más grandes de todo el mundo fueron forjadas en profundas cavernas por mis ancestros —replicó Iván.—Sólo era el principio de una idea —masculló Cadderly a la defensiva, repentinamente de acuerdo con Iván en que debían continuar con la ballesta.Cadderly no dudó del potencial de su diseño, pero se dio cuenta que tendría que perder mucho tiempo para convencer a un enano que había vivido un siglo en túneles angostos, sin la luz del sol.Siempre comprensivo, Pikel puso la mano en el hombro del joven.—Ahora, la ballesta —dijo Iván al abrir el cofre de madera.El enano levantó con delicadeza una ballesta pequeña y casi completa, bellamente construida y semejante a la que había representada en el tapiz—.¡El trabajo me deja sediento!—El pergamino casi está traducido —le aseguró Cadderly, sin olvidar la alusión a la vieja receta enana de aguamiel que le había prometido a cambio de la ballesta.Cadderly tenía traducida la fórmula desde hacía semanas pero se lo había callado, sabiendo que Iván completaría el arma con más rapidez con semejante premio esperando.—Eso es bueno, chico —replicó Iván al tiempo que ponía la mano sobre su boca—.Tendrás la ballesta en una semana, pero necesito la pintura para acabarla.¿Tienes algo más pequeño como muestra?Cadderly sacudió la cabeza.—Todo lo que tengo es el tapiz —admitió.—¿Quieres que ande por los salones con un tapiz robado bajo el brazo? —rugió Iván.—Prestado —corrigió Cadderly.—¿Con la bendición de la directora Pertelope? —preguntó Iván sarcásticamente.—Uh, oh —añadió Pikel.—Nunca lo echará en falta —dijo Cadderly poco convencido—.Si lo hace, le diré que necesito confirmar algunos pasajes del libro drow que estoy traduciendo.—Pertelope sabe más de los drows que tú —le recordó Iván—.¡Es la que te dio el libro!—Uh, oh —repitió Pikel.—El aguamiel es más negra que la noche —dijo Cadderly improvisadamente—, por lo que dice la receta.Mataría un árbol de estatura media si vertieras sólo medio litro de ella por las raíces.—Coge el otro lado —dijo Iván a Pikel.Éste se puso el gorro de cocinero en forma de hongo encima del pelo verde lo que hizo que sus orejas sobresalieran aún más, luego ayudó a Iván a enrollar fuertemente el tapiz.Lo levantaron entre los dos mientras Cadderly abría la puerta y se aseguraba que no había nadie en la sala.Cadderly miró por encima de su hombro al ángulo decreciente de luz solar que brillaba a través de su ventana.El suelo de su habitación estaba marcado a intervalos crecientes para servir como reloj matutino.—Falta poco para el mediodía —dijo a los enanos—.El Hermano Chaunticleer pronto entonará los cánticos del mediodía.Todos los sacerdotes hospedados son requeridos a asistir y muchos de los otros asisten normalmente.El camino debería estar despejado.Iván lanzó a Cadderly una mirada amarga.—Tut-tut —masculló Pikel, sacudiendo su cabeza peluda y agitando un dedo hacia Cadderly.—¡Debería estar allí! —gruñó el joven—.Nadie se dará cuenta si llego un poco más tarde.Entonces empezó la melodía, la perfecta voz de soprano del Hermano Chaunticleer flotó dulcemente por los corredores de la antigua biblioteca.Cada mediodía, Chaunticleer subía a su lugar en el estrado del gran salón de la biblioteca para cantar dos canciones, las respectivas leyendas de Deneir y Oghma.Que muchos eruditos venían a la biblioteca a estudiar, era verdad, pero muchos otros venían para oír al afamado Chaunticleer.Cantaba a capella pero podría llenar, tan plenamente, el gran salón y las habitaciones adjuntas con la sorprendente voz de cuatro octavas, que los oyentes tenían que mirarlo a menudo para estar seguros de que no tenía un coro detrás de él.Este día la canción de Oghma era la primera, y bajo esa melodía, enérgica y vigorizante, los hermanos Rebolludo chocaron y tropezaron en su bajada por las dos escaleras de caracol y a través de una docena de puertas demasiado angostas hacia sus aposentos, al lado de la cocina de la biblioteca.Cadderly entró en el gran salón casi al mismo tiempo, deslizándose sin hacer ruido entre las jambas de las altas puertas dobles de roble y situándose a un lado, detrás de un pilar.—Arbotante aéreo —no pudo dejar de murmurar, moviendo la cabeza hacia el recio pilar.Entonces se dio cuenta de que no había pasado inadvertido, Kierkan Rufo le sonrió desde las sombras de la bóveda contigua.Cadderly supo que el intrigante Rufo le había esperado, para avivar las iras del Maestre Avery, y sabía que Avery no disculparía su tardanza.Cadderly hizo ver que no le importaba, para no darle una satisfacción a Rufo.Miró intencionadamente en otra dirección y sacó el buzak, un arma arcaica usada por una tribu de halflings del sur de Luiren.El dispositivo consistía en dos discos circulares de cristal de roca, cada uno del ancho del pulgar y con el diámetro de la longitud de un dedo, unidos por el centro por una barrita en la que estaba enrollada una cuerda.Cadderly había descubierto el arma en un tomo olvidado y de hecho había mejorado el diseño, al usar una barra de metal con un pequeño agujero a través del cual la cuerda podría ser enhebrada y anudada en vez de atada [ Pobierz całość w formacie PDF ]