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.Era café verdadero, superior al que se cultivaba en la Red.—En primer lugar, contestaré la última pregunta —dijo Lane—.¿A qué llama prolongada?—Semanas.—Semanas, quizá.Meses, imposible.—El gobernador general probó los arenques—.Ya ve usted el estado de nuestra economía.Si no fuera por los suministros que nos trae FUERZA, tendríamos saqueos todos los días, no una vez a la semana.Con la cuarentena no hay exportaciones.La mitad de los refugiados quiere dar con los sacerdotes del Templo del Alcaudón y matarlos, la otra mitad desea convertirse antes que el Alcaudón los encuentre a ellos.—¿Ha encontrado usted a los sacerdotes? —preguntó Hunt.—No.Estamos seguros de que escaparon del atentado contra el templo, pero las autoridades no han sabido localizarlos.Corre el rumor de que han ido a la Fortaleza de Cronos, un castillo de piedra que domina la alta estepa donde se encuentran las Tumbas de Tiempo.Yo sabía que no era así.Por lo menos, sabía que los peregrinos no habían visto a ningún sacerdote del Templo del Alcaudón durante su breve estancia en la Fortaleza.Pero había indicios de una matanza.—En cuanto a nuestras prioridades —continuó Lane—, la primera es la evacuación.La segunda es la eliminación de la amenaza éxter.La tercera es auxilio frente a la amenaza del Alcaudón.Leigh Hunt se retrepó contra la madera pulida.El vapor del café aureolaba el grueso tazón que sostenía en las manos.—La evacuación no es posible en este momento.—¿Por qué? —exclamó Lane, quien disparó la pregunta como un proyectil.—La FEM Gladstone no tiene el poder político, en este momento, para convencer al Senado y a la Entidad Suma de que la Red acepte cinco millones de refugiados.—Estupideces.Había el doble de esa cantidad de turistas en Alianza Maui en su primer año en el Protectorado.Y eso destruyó una singular ecología planetaria.Llévenos a Armaghast o algún mundo desértico hasta que pase la amenaza de la guerra.Hunt sacudió la cabeza.Sus ojos perrunos parecían más tristes que de costumbre.—No es sólo la cuestión logística, ni la cuestión política.Es.—El Alcaudón —lo interrumpió Lane.Cortó un trozo de tocino—.El Alcaudón es la verdadera razón.—Sí.Y también el temor de una infiltración éxter en la Red.El gobernador general rió.—¿Conque teme que si se instalan portales teleyectores para evacuarnos, un puñado de éxters de tres metros aterrizarán y se pondrán en fila sin que nadie se dé cuenta?Hunt bebió café.—No —respondió—, pero hay verdadero peligro de invasión.Cada portal es una entrada en la Red.El Consejero Asesor se opone.—De acuerdo —asintió Lane, masticando—.Utilicen naves.¿No era ésa la razón para enviar una fuerza especial?—La razón aparente —dijo Hunt—.Nuestro verdadero propósito es derrotar a los éxters e incorporar Hyperion a la Red.—¿Y qué hay de la amenaza del Alcaudón?—La neutralizaremos —aseguró Hunt.Calló cuando un pequeño grupo de hombres y mujeres pasó junto al porche.Miré al grupo que se internaba en el pasillo.Algo me había llamado la atención.—¿Ése no era Melio Arúndez? —dije, interrumpiendo al gobernador general.—¿Qué? Oh, el doctor Arúndez.Sí.¿Lo conoce usted, Severn?Leigh Hunt me fulminó con la mirada, pero lo ignoré.—Sí —contesté, aunque nunca había visto personalmente a Arúndez—.¿Qué hace en Hyperion?—Su equipo vino hace seis meses locales con un proyecto de la Universidad Reichs de Freeholm para realizar nuevas investigaciones en las Tumbas de Tiempo.—Pero las Tumbas estaban cerradas para investigadores y turistas.—Sí.Pero sus instrumentos ya habían mostrado el cambio en los campos antientrópicos que rodeaban las Tumbas.Permitimos que los datos se transmitieran semanalmente al receptor ultralínea del consulado.La Universidad Reichs sabía que las Tumbas se estaban abriendo, si eso es lo que significa el cambio, y enviaron a los principales investigadores de la Red para estudiarlo.—Pero usted no les otorgó autorización [ Pobierz całość w formacie PDF ]