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.En la actualidad su mejor amigo en el mundo era su colección de papeles de copia de color rosa.El había hecho lo que había podido, pero no pensaba pagar el pato cuando aquella panda por fin se fuera a pique, y sus papeles de copia de color rosa se encargarían de ello.El informe de papel blanco para el presidente, la copia amarilla para el archivo y la copia rosa para uno mismo.Nadie podría decir que él no los había avisado.En el sujetapapeles llevaba un fajo de cinco centímetros de grosor que contenía los papeles de copia más recientes.Ahora, sintiéndose como un dios anciano que se agacha entre las nubes de cualquier Apocalipsis para vociferar: «¿Acaso no os lo dije? ¿No os avisé? ¿Acaso me escuchasteis? ¡Ahora ya es tarde para hacer caso!», puso voz de paciencia llevada al límite:—Tengo seis equipos de mantenimiento.La semana pasada eran ocho.Les envié a todos un informe al respecto, tengo las copias aquí mismo.Deberíamos tener dieciocho equipos.A la mitad de los hombres hay que formarlos sobre la marcha, y no tenemos tiempo para enseñarles.Antes montábamos torres móviles para sostener la carga, pero ahora ni siquiera tenemos personal para eso.—Muy bien, hace falta tiempo, lo entendemos.—dijo Verdejamón—.¿Cuánto tiempo le costaría.contratar a más hombres y poner en marcha esas torres móviles y.?—Me obligaron ustedes a echar a muchos técnicos —dijo Pony.—No los echamos.Los «dejamos irse» —dijo D'Oropel.—Hicimos.recortes —dijo Verdejamón.—Pues parece que tuvieron éxito, señor —dijo Pony.Se sacó de un bolsillo un trozo de lápiz y del otro un cuaderno mugriento—.¿Lo quieren rápido, barato o bueno, caballeros? —preguntó—.Tal como han estado yendo las cosas, solo puedo ofrecerles una de tres.—¿Cómo de deprisa podemos tener el Gran Tronco funcionando como es debido? —dijo Verdejamón, mientras D'Oropel se reclinaba en su asiento y cerraba los ojos.Pony movió los labios mientras recorría sus cifras con la vista.—Nueve meses —dijo.—Supongo que si nos ven trabajar duro, nueve meses de funcionamiento errático no parecerán demasiado.—empezó a decir el señor Stowley.—Nueve meses de cierre —dijo el señor Pony.—¡No sea necio, hombre!—No soy necio, señor, gracias —replicó Pony en tono cortante—.Voy a tener que encontrar técnicos nuevos y formarlos, porque de la antigua brigada no va a querer volver casi nadie por mucho dinero que les ofrezca.Si cerramos las torres puedo usar a los operarios de señales.Por lo menos ellos saben cómo funcionan las torres.Y podremos trabajar más deprisa si no tenemos que llevar torres móviles de un lado para otro e instalarlas.Hay que empezar de cero.Las torres ya no estaban tan bien construidas de entrada.Buencorazón nunca se esperó tanto volumen de tráfico.Nueves meses de torres a oscuras, señores.Tenía ganas, oh, qué ganas tenía de decirles: Técnicos, gente con oficio.¿Sabéis lo que quiere decir «con oficio»? Quiere decir hombres con algo de orgullo, que se hartan y se marchan cuando les mandas hacer chapuzas a toda prisa, por mucho que les pagues.Y por eso ahora estoy dando trabajo de «técnicos» a gente que apenas está capacitada para barrer el suelo de un taller.Pero a vosotros os da lo mismo, porque si no calientan una silla con el culo todo el día os creéis que un hombre que se ha pasado siete años de aprendiz es lo mismo que un cretino del que no puedes fiarte que sepa agarrar un martillo por el lado correcto.Esto no lo dijo en voz alta, porque aunque es probable que un hombre mayor tenga mucho menos futuro que uno de veinte años, sin embargo lo cuida mucho mejor.—¿No puede darnos nada mejor que eso? —preguntó Stowley.—Señor Stowley, tendré mucha suerte si no son más que nueve meses —dijo Pony, volviendo a la realidad—.Si no quieren cerrar, tal vez lo pueda hacer en un año y medio, si consigo encontrar a los suficientes hombres y están ustedes dispuestos a gastarse el dinero suficiente.Pero tendrán averías todos los días.La cosa funcionará a trancas y barrancas, señor.—¡En nueve meses ese tal Mustachen nos barrerá del mapa! —protestó Verdejamón.—Lo siento, señor.—¿Y cuánto nos costaría? —preguntó D'Oropel en tono etéreo, sin abrir los ojos.—De una forma u otra, señor, imagino que unos doscientos mil —dijo Pony.—¡Eso es ridículo! ¡Pero si ni siquiera el Tronco nos costó tanto! —estalló Verdejamón.—Ya, señor.Pero verá, es que hay que hacer mantenimiento todo el tiempo, señor.Las torres se han descuidado del todo.Hubo esa galerna tremenda en sectubre y todos los problemas en Uberwald.Y yo estoy sin personal.Si no se hace mantenimiento, pronto los fallos pequeños se convierten en grandes.He estado enviándoles montones de informes, señor.Y ustedes me han recortado el presupuesto dos veces.Permítanme decir que mis hombres han hecho maravillas con.—Señor Pony —dijo D'Oropel sin levantar la voz—, creo que lo que estoy viendo aquí es un conflicto de culturas.¿Le importa pasar a mi estudio, por favor? Igor le preparará una taza de té.Muchísimas gracias.Después de que Pony se marchara, Verdejamón dijo:—¿Saben lo que me preocupa ahora mismo?—Díganoslo —pidió D'Oropel, entrelazando las manos sobre su caro chaleco.—Que el señor Slant no esté aquí.—Se ha disculpado.Ha dicho que tenía asuntos importantes que resolver —dijo D'Oropel.—¡Nosotros somos sus principales clientes! ¿Qué es más importante que nosotros? ¡No, si no está aquí es porque quiere estar en otra parte! Ese maldito viejo muerto viviente huele los problemas y nunca está presente cuando las cosas van mal.¡Slant siempre sale de rositas!—Al menos olerá mejor que ese formol suyo de siempre —dijo D'Oropel—.Mantengan la calma, caballeros.—Pues alguien no la ha mantenido —replicó Stowley—.¡No me digan que el incendio ha sido un accidente! ¿Lo ha sido? ¿Y qué le pasó al pobre Gordete Fritábano, eh?—Tranquilícense, amigos míos, tranquilícense —dijo D'Oropel.Solo son banqueros mercantiles, pensó.No son cazadores: son carroñeros.No tienen visión [ Pobierz całość w formacie PDF ]