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.La muchacha sostenía en brazos un bebé y hablaba en un tono respetuoso.—¿Qué sucede, Sorrit? —preguntó Grimma.—Por favor.Los niños empiezan a estar muy hambrientos, Grimma.Aquí abajo no tenemos nada adecuado para darles de comer.La muchacha dirigió una mirada de súplica a Grimma y ésta asintió.Los almacenes de alimentos estaban bajo los otros barracones, o lo que quedaba de ellos.El principal depósito de patatas había sido descubierto por los humanos, y tal vez era ésta la razón de que hubieran colocado la bandeja con el veneno.Además, con el humano allá arriba no podían encender fuego y, de todos modos, tampoco tenían carne.Hacía días que nadie salía de caza puesto que, según Nisodemo, Arnold Bros (fund.en 1905) se encargaría de proveerlos de comida.—Me parece que, tan pronto como haya luz suficiente, deberían salir a dar una batida todos los cazadores cuya presencia aquí no sea imprescindible.Los gnomos estudiaron la propuesta de Grimma.Aún quedaba mucho para el amanecer.Para un gnomo, una noche era como tres días completos.—Hay mucha nieve —apuntó uno de ellos—.Eso significa que tendremos agua suficiente.—Tal vez nosotros, los adultos, podamos pasarnos sin comer, pero los niños no lo soportarán —apuntó Grimma.—Ni los ancianos —añadió un gnomo—.Esta noche volverá a helar.No disponemos de electricidad y no podemos encender una hoguera en el Exterior.El grupo permaneció sentado, con la mirada fija en el suelo.Y Grimma pensó para sí: «Nadie discute, nadie refunfuña.Las cosas están tan serias que los gnomos ni siquiera protestan o se culpan entre ellos».Al cabo de un rato, preguntó:—Bien, entonces, ¿qué pensáis vosotros que debemos hacer?I.«Saldremos del entarimado.II.»Surgiremos del subsuelo.III.»Y desearán no habernos visto nunca».De El libro de los gnomos,Humanos, vv.I-III11El humano bajó el periódico y prestó atención.Creyó escuchar un crujido junto a la pared y una especie de arañazos bajo el suelo.Volvió los ojos hacia la mesa que tenía a su lado.Un grupo de pequeños seres estaba arrastrando su paquete de bocadillos por encima de la mesa.El humano parpadeó.Después, soltó un rugido e intentó levantarse de la silla.Y no fue hasta que casi se había incorporado del todo cuando descubrió que tenía ambos pies firmemente atados a las patas de la silla.El gigante cayó hacia adelante.Una multitud de aquellos minúsculos seres apareció de debajo de la mesa, moviéndose con tal rapidez que sus ojos apenas podían seguirlo, y rodearon sus brazos extendidos con un viejo cable eléctrico.En cuestión de segundos, el humano se encontró inmovilizado —torpe, pero muy firmemente— entre el mobiliario de la oficina.Los gnomos vieron cómo movía sus grandes ojos a un lado y a otro.Lo vieron abrir la boca y lanzar un mugido.Unos dientes como láminas amarillentas se cerraron con un chasquido, en dirección a ellas.Las ataduras resistieron.Los bocadillos resultaron ser de queso y embutido y el termo, una vez que quitaron la tapa, estaba lleno de café.—Comida de la Tienda —comentaron los gnomos—.Buena comida de la Tienda, como la que allí teníamos.Los gnomos siguieron invadiendo la oficina por todas las rendijas y ratoneras.Cerca de la mesa había un fuego eléctrico y los pequeños seres se sentaron en solemnes hileras ante la barra roja incandescente, o se dedicaron a vagar por la abarrotada oficina.—¡Lo hemos conseguido! ¡Igual que en ese libro de Gulliver! —se felicitaron—.¡Cuanto mayores son, más dura es la caída!Se formó una escuela de pensamiento que propugnaba matar al humano, cuya mirada enloquecida seguía a los gnomos que se movían de un lado a otro.Entonces fue cuando encontraron la caja.Estaba en uno de los estantes.Era amarilla y en la parte frontal tenía el dibujo de una rata de aspecto muy desgraciado, junto a unas grandes letras rojas que decían RATICIDA.En la parte de atrás.Grimma frunció el entrecejo mientras trataba de leer las palabras en letra pequeña de la parte de atrás.—Aquí dice: « ¡Lo prueban, pero no vuelven a buscar más!» —informó—.Y, al parecer, contiene polidiclorometilinolona-4 —leyó de corrido—.No tengo idea de qué es eso.«En un abrir y cerrar de ojos, elimina de la casa todos los.»Hizo una pausa.—¿Los qué? ¿Los qué? —preguntaron los gnomos, que seguían con atención sus palabras.Grimma bajó el tono de voz.—Dice: «En un abrir y cerrar de ojos, elimina de la casa todos los pequeños inquilinos molestos.» ¡Es veneno! ¡Es esa especie de harina que pusieron bajo los tablones!El silencio que siguió a sus palabras estuvo cargado de rabia.Los gnomos habían criado a muchos niños en la cantera y tenían una opinión muy firme sobre el uso del veneno.—¡Deberíamos hacérselo comer al humano! —propuso uno de ellos—.¡Deberíamos llenarle la boca de esa polidi., polidacrotilona o como se diga! ¡Pequeños inquilinos molestos!—Me parece que los humanos nos habían tomado por ratas —apuntó Grimma.—Y eso ya te parece bien ¿verdad? —replicó un gnomo con un tonillo de sarcasmo—.Las ratas son animales correctos.Nunca hemos tenido problemas con ellas.Al menos, ninguno que justifique ir por ahí dándoles comida envenenada.De hecho, los gnomos se habían llevado bastante bien con las ratas de la cantera, probablemente porque su líder era Bobo, que había sido animal de compañía de Angalo cuando vivían en la Tienda.Las dos especies se trataban con la cordialidad distante de quienes podían comerse entre ellos en caso de apuro, pero habían decidido no hacerlo.—Sí, las ratas nos agradecerán que las libremos de un humano —prosiguió el gnomo.—No —replicó Grimma—.Creo que no debemos hacer tal cosa [ Pobierz całość w formacie PDF ]