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.Mientras se sometía a pruebas un prototipo se había salido de su ruta y se había estrellado en el desierto de Nuevo México.Desgraciadamente, un civil descubrió los restos del accidente antes que los militares.El inocente ranchero William Brazel se había dado de bruces con un campo de despojos de neopreno radical sintetizado y metales ligeros que no se parecían a nada de lo que había visto hasta entonces.Inmediatamente llamó al jefe de policía.Los periódicos se hicieron eco de la historia de los extraños escombros y el interés público no tardó en aumentar.Azuzados ante la negativa de los militares, que se empeñaban en afirmar que aquellos escombros nada tenían que ver con ellos, los periodistas iniciaron sus investigaciones y el estatus secreto del Proyecto Mogul se vio gravemente amenazado.Y justo cuando todo apuntaba a que la delicada cuestión de un globo espía iba a ser revelada, ocurrió algo maravilloso.Los medios de comunicación sacaron una conclusión inesperada.Decidieron que aquellos restos de materiales futuristas podían proceder únicamente de una fuente extraterrestre: criaturas mucho más avanzadas científicamente que los humanos.Desde luego, la negación del incidente por parte del estamento militar sólo podía tener una explicación: ¡el encubrimiento de un contacto con alienígenas! Aunque la Fuerza Aérea quedó desconcertada por esta nueva hipótesis, no tenía el menor interés por mirarle el diente a aquel caballo regalado.Hizo suya la historia de los alienígenas y la llevaron adelante.La sospecha por parte del mundo de que los alienígenas estaban visitando Nuevo México suponía una amenaza menor para la seguridad nacional que la de que los rusos se enteraran de la existencia del Proyecto Mogul.Para avivar la historia de los alienígenas, la comunidad de inteligencia veló en secreto el incidente Roswell y empezó a orquestar «filtraciones de seguridad», es decir, discretas murmuraciones sobre contactos alienígenas, naves espaciales recuperadas e incluso un misterioso «Hangar 18» en la base aérea Wright-Patterson de Dayton, donde el gobierno conservaba cuerpos de alienígenas en hielo.El mundo se tragó la historia y la fiebre de Roswell arrasó el globo.Desde ese instante, siempre que un civil veía sin querer un nuevo prototipo de avión militar de Estados Unidos, la comunidad de inteligencia simplemente se limitaba a rescatar la vieja conspiración.«¡No es un avión.Es una nave espacial alienígena!» A Ekstrom le parecía realmente increíble que aquel simple engaño todavía siguiera vigente.Cada vez que los medios de comunicación informaban de una repentina racha de avistamientos de ovnis, Ekstrom no podía contener la risa.Lo más probable era que algún civil afortunado hubiera vislumbrado uno de los rapidísimos cincuenta y siete aviones de reconocimiento sin tripulantes conocidos como Global Hawks: aviones rectangulares y dirigidos por control remoto que no se parecían a nada de lo que volaba en el cielo.A Ekstrom le parecía patético que innumerables turistas todavía fueran en procesión al desierto de Nuevo México para escrutar el cielo nocturno con sus cámaras de vídeo.De vez en cuando, uno de ellos tenía la fortuna de capturar «imágenes indiscutibles» de un ovni: luces brillantes revoloteando en el cielo con mayor maniobrabilidad y velocidad que cualquiera de los aviones construidos por el hombre.De lo que esa gente no se daba cuenta era de que, naturalmente, existía un retraso de doce años entre lo que el gobierno podía construir y lo que el público sabía de ello.Esos observadores de ovnis simplemente estaban vislumbrando una de las unidades de la siguiente generación de aviones de Estados Unidos que se estaban desarrollando en el Área 51, gran parte de las cuales eran el caballo de batalla de los ingenieros de la NASA.Naturalmente, los responsables de inteligencia nunca hacían nada por corregir el error.Obviamente era preferible que el mundo leyera acerca de la visión de otro ovni que dejar que la gente estuviera al corriente de las verdaderas capacidades aéreas del Ejército de Estados Unidos.«Pero ahora todo ha cambiado», pensó Ekstrom.Dentro de unas horas, el mito extraterrestre se convertirá en una realidad confirmada, para siempre.—¿Director? —gritó un técnico de la NASA, apresurándose por el hielo tras él—.Tiene usted una llamada protegida urgente en el CSP.Ekstrom suspiró y se giró.«¿Qué demonios pasa ahora?» Se dirigió al tráiler de comunicaciones.El técnico corría a su lado.—Los tipos que controlan el radar en el CSP estaban intrigados, señor.—¿Ah, sí? —respondió Ekstrom, cuya mente estaba todavía muy lejos de allí.—¿Un submarino de esas dimensiones estacionado junto a la costa? Nos preguntábamos por qué no nos lo había mencionado.Ekstrom levantó la mirada.—¿Cómo dice?—El submarino, señor.Al menos podría haber informado a los chicos del radar.Es comprensible que se doble la seguridad del litoral, pero ha cogido a nuestro equipo de radar totalmente desprevenido.Ekstrom frenó en seco.—¿Qué submarino?El técnico también se detuvo.Obviamente, no esperaba la sorpresa del director.—¿No forma parte de nuestra operación?—¡No! ¿Dónde está?El técnico tragó saliva.—A unas tres millas de la costa.Lo detectamos con el radar por casualidad.Sólo ha salido a la superficie un par de minutos.Un bicho enorme.Tiene que ser uno de los grandes.Suponíamos que usted había pedido a la Marina que vigilara esta operación sin decírnoslo.Ekstrom clavo en él la mirada.—¡Por supuesto que no!La voz del técnico vaciló.—Bien, señor, entonces supongo que debería informarle de que un submarino se ha encontrado con una aeronave a poca distancia de la costa.Al parecer se ha realizado un intercambio de personal.De hecho, nos ha impresionado mucho que alguien intentara una maniobra vertical como ésa con este viento.Ekstrom notó que se le tensaban los músculos.«¿Qué demonios hace un submarino junto a la costa de Ellesmere Island sin mi conocimiento?»—¿Sabe usted qué dirección ha tomado el aparato después del encuentro?—Ha vuelto a la base aérea de Thule.Supongo que para conectar con otro medio de transporte hacia el continente.Ekstrom no volvió a hablar durante el resto del trayecto hasta el CSP.Cuando entró en la sofocante oscuridad del tráiler, percibió un conocido rasguño en la voz rasposa que oyó al otro lado de la línea.—Tenemos un problema —dijo Tench, tosiendo al hablar—.Se trata de Rachel Sexton.76El senador Sexton no estaba seguro del tiempo que llevaba con la mirada perdida en el vacío cuando oyó los golpes.Cuando se dio cuenta de que el retumbar que le llenaba los oídos no era obra del alcohol sino de alguien que golpeaba la puerta de su apartamento, se levantó del sofá, escondió la botella de Courvoisier, y se dirigió al vestíbulo.—¿Quién es? —gritó, ya que no estaba de humor para visitas.La voz de su guardaespaldas anunció desde fuera la identidad de un invitado inesperado.Sexton recuperó la sobriedad inmediatamente.«Qué rápido».Había esperado no tener que mantener esa conversación hasta la mañana siguiente.Después de dar un profundo suspiro y de retocarse el pelo, abrió la puerta [ Pobierz całość w formacie PDF ]